Balam Rodrigo, México

 

Balam Rodrigo

Villa de Comaltitlán, Soconusco, México, 1974.

Exfutbolista, biólogo y escritor. Autor, entre otros libros de poesía, de Braille para sordos (2013), El órgano inextirpable del sueño (2015), El corazón es una jaula de relámpagos (2015), Bardo. Pequeña antología (2016), Sobras reunidas (antología de poesías & pensamientos inútiles) (2016), Marabunta (2017) y Libro centroamericano de los muertos (2018). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.

Este es una de las personas que jamás uno olvida, por su calidad humana, por su impecable forma de ser y tratar a los que lo rodean, su declamación poética hipnotiza por su ritmo y dicción perfecta, su pluma mágica te conduce por los pasillos de una poética tan diversa como profunda, es muy difícil encontrar tantos atributos juntos en un escritor y que además de ser muy talentoso tenga la fascinante claridad de ser siempre el mismo con una honestidad que seduce hasta el punto que cada vez que fuera a leer ahí querías estar. Presentarles a este escritor en VersoDiVerso es un honor. A modo de  sugerencia y dato le cuento que Rodrigo prontamente estará en chile presentando uno de sus libros que publicará con la editorial CARAJO , no se lo pierda, les dejo un texto que nos envió desde México para su deleite

EL POETA ALIENÍGENA

Dice mi amigo bud que los ovnis no vienen
de marte ni de la urss ni de cabo cañaveral
sencillamente llegan de un remotísimo futuro
con la peregrina intención de investigar
cómo fue que los terrestres empezamos a jodernos […]

Mario Benedetti, Ovnis.

Todo su arte se reduce a cierta pericia en el manejo pragmático de los dispositivos que dan relieve, iluminación y simulación simbólica a los frutos de una voluntad de expresión, no siempre ocurrente e incapaz de contar con algún avatar de la téchne-poíesis propia de toda auténtica creación artística […] Uno esperaría que fuesen más congruentes, despotricaran sin ambages contra todo arte creativo, toda poesía, y asumieran lo que hacen como manifestaciones pragmáticas, efluvios legítimos —mas no por ello artísticos— de la voluntad de expresión. No se ve para qué necesitan autolegitimarse como artistas, a partir de una oportunista asignación de carácter poético a lo que hacen.

Josu Landa

Antes de hablar sobre el poeta alienígena,
—subespecie de reciente aparición
en el terrícola mundo de los poetas—,
creo necesario contarles la breve historia
de mi encuentro cercano del primer tipo
con este género de lecturas.

De niño leí docenas de ejemplares
de la revista semanal Duda. Lo increíble es la verdad,
publicada por la Editorial Posada,
de la que mi padre era lector y aficionado.

El primer número trataba de personas secuestradas
por ovnis (ahora las secuestran autoridades);
otros números versaban sobre diversos
y enigmáticos temas: pirámides construidas por atlantes
que yacen perdidas en los mares;
el poder de los “Grandes Iniciados” de trascendentes religiones;
el misterioso Triángulo de las Bermudas donde desaparecen,
para siempre, decenas de barcos y aviones
y las brújulas no funcionan; sagaces criptozoólogos
cazando al elusivo Yeti en los hielos perpetuos;
la portentosa crónica de un grupo de Homo neanderthalensis
que atacó en el siglo XII con paleolítica y relictual furia
una aldea vikinga, diezmando niños, mujeres y hombres,
todo ello, pese a la lógica (y a Odín).
Sin vacilación alguna diré que el caso más interesante
que leí en las páginas de Duda fue el del caballo Snippy ,
dócil y fuerte potro gringo cuyo cuerpo en exacta mitad
—cabeza y cuartos delanteros— fue despojado
de toda piel y carne por cirujanos del espacio exterior
que abdujeron los tejidos blandos de Snippy
con adelantada y desconocida tecnología,
dejando a la atónita mirada de investigadores y curiosos
la blanca marimba de los huesos del joven y rojizo penco,
así como temor por los avistamientos de naves en el cielo
el día previo a la abducción parcial de Snippy,
cuyo cuerpo (lo que quedó) fue hallado en el desierto,
mientras que a la dueña del rocín, Nellie King Lewis,
aquel 7 de septiembre de 1964, los platillos voladores
la despojaron de su tranquilidad y su cabalgadura,
dejándole cientos de preguntas, la otra mitad de Snippy,
su rancho intacto en Colorado, y claro, la silla de montar:

Balam Rodrigo

Pero ninguno de aquellos carniceros del espacio exterior
—que quizá volatilizaron con un avanzadísimo rayo láser
la porción frontal de Snippy para transformarla
en hamburguesas de McDonald’s—imaginó jamás
que alguno de sus homólogos de los confines del universo
pudiera dedicarse, sin más, a “escribir” poesía.

En mi calidad de ufólogo y experto en el fenómeno OPNI
(Objetos Poéticamente No Identificables) confieso que desde Snippy,
no había conocido caso increíblemente más asombroso,
ni prodigio ni hecho descomunal más extraordinario,
ni fenómeno físico, químico, lascivo o paranormal,
ninguna manifestación tan inquietante en la república de las letras,
que la aparición y avistamiento de la inverosímil “obra poética”
de los peregrinos celestes, los amanuenses de la musa astral,
los cosmonautas de la página virtual, los esclavos de la ufolírica,
los exovates de la simulación escrita: los poetas alienígenas.

Fingidores de lo ignoto, impostores de lo oculto,
ingenuos pararapsodas, antivates mudos, contrabardos,
los poetas alienígenas afirman que su “arte”
es mezcla de ciencia y alquimia pero ignoran, completamente,
las bases, fundamentos y métodos del conocimiento científico;
confunden alquimia con esoterismo y parapsicología,
astronomía con astrología, y agregan a su “arte”, con descaro,
jerga pseudocientífica y superchería “tecnológica”:
ningún idioma nuevo, ninguna ruptura, patrañas puras:
vacía y disparatada verborrea de merolico New Age.

Es más, lector, si quiere usted escribir poesía alienígena,
tome nota de las siguientes instrucciones
(o ya de plano digítelas en la pantalla de su Smartphone,
será como tener un encuentro cercano del segundo tipo):

1) Use palabras propias de ufólogos, charlatanes
y autores de ciencia ficción: abducción, ovni, alienígena,
avistamiento, nave nodriza, visitante de otros mundos,
humanoide, contacto del tercer tipo, platillo volador,
extraterrestre, terrícola, objeto luminoso, alien, ufología, etc.

2) Emplee vocablos y lugares comunes de la cosmología,
e incluso, de la astronomía: astronave, galaxia, supernova,
telescopio, púlsar, sideral, espacio, vía láctea, estrella,
planeta, satélite, radar, intergaláctico, meteoro, cometa,
interplanetario, cósmico, cohete, astronauta, espacial,
alunizaje, asteroide, supercuerdas, cosmos, etc.

3) Aplique una generosa dosis de términos de esoterismo,
pseudociencia, astrología y ocultismo (y no tema confundirse
ni equivocarse, tal es la idea): alquimia, Tarot, médium,
parasicológico, fantasma, átomo, oxígeno, electrón, híbrido,
magia, hermetismo, yoga, tantra, samsara, geomancia,
karma, cuántico, imán, célula, mantra, carta astral, horóscopo,
zodiaco, incienso, mandala, telepatía, demonio, máquina,
entidad, instrumento, espíritu, clarividencia, caca, etc.

4) No olvide incluir imágenes, mapas o diagramas
que ilustren su poema, pero no deben guardar sentido
con lo escrito (menos aún si es poético).

5) Es estrictamente indispensable aplicar léxico
de cibernautas para lograr un mejor efecto, contemporáneo,
“tecnológico”, y hacer más irracional su “obra de arte”
(aprópiese del lenguaje geek): navegar, cyborg, meme, robot,
chat, Twitter, binario, pixel, copypaste, virtual, internauta,
blogger, on line, YouTube, App, matriz, programación,
instalar, Tumblr, web, Facebook, red, Internet, hackear,
patrón, algoritmo, Nube, off line, email, giga, video, etc.

6) Finalmente, le recomiendo no corregir nada,
en lo absoluto. Es obligatorio, además, escribir
su poema alienígena con estupidez automática,
incoherencia gramatical, sin condición humana
y de forma ininteligible. Y para lograr un mejor efecto
ante el público, léalo en voz alta como si estuviera poseso,
drogado (mejor si lo está), en tono mesiánico, de adivino cursi
o conferencista de superación personal. Es más, grite,
aúlle, escupa o injurie a quien lo escuche o lea.

7) Mezcle todo lo anterior con cierto aire de superioridad,
con estilo de genio bobo, de artista incomprendido,
de poeta superdotado y marginal que ha logrado
una nueva ruptura en su microcosmos artístico-literario.

Ya lo tiene, ahí está: urdida por niños internautas,
la poesía alienígena es síntoma inequívoco
de la enfermiza banalidad de nuestro tiempo;
tal escritura “intergaláctica” y “espacial” es mero ruido
del mundo virtual, acumulación de objetos verbales
y transcritos a ciegas por náufragos tecnológicos
ahogados en el somero cosmos de la Internet
que “navegan” en sus ordenadores personales
enviando mensajes carentes de toda poesía
en botellas desechables que ellos consideran “poemas”,
kilos de mímesis narcisista erigida con señales
de humo falso y cifradas en torpe lenguaje binario
que encuentran eco entre manadas de “ciberpoetas”
y otras deshumanizadas tribus de “lectores alienígenas”,
críos de probeta informática que por mero capricho
y sin sentido, ignoran y dan la espalda a la tradición poética
e intentan escapar de la dura y real realidad
cantando en las ramas de un árbol de plástico:
el poeta alienígena es pájaro de gorjeo electrónico
programado para silbar su artificada basura alien.

Ni los poderosos carros de fuego de Ezequiel,
ni Tercer Milenio de Jaime Maussan,
ni Les Prophéties de Michel de Nôtre Dame,
ni los Ovnis de oro de Ernesto Cardenal,
ni la Guerra de los mundos de Herbert George Wells,
ni los Caballos de Troya de J. J. Benítez,
ni el Corpus hermeticum de Hermes Trismegistus,
ni los Archivos Extaterrestres de History Channel,
ni el Necronomicón de Howard Phillips Lovecraft,
ni Jumentud en éxtasis de Carlos Cuauhtémoc Sánchez,
ni el indescifrable Manuscrito Voynich,
contienen tanto conocimiento exopoético del universo
y del mundo entero, como la indescifrable poesía alienígena.

Y un hecho alquímico más, científicamente comprobado:
todo lírida intergaláctico, astrólogo ciberpoético,
aeda alquímico, vaya, cualquier poeta alienígena,
es un verdadero extrapedestre, un prodigioso Midas negro:
todo lo que toca (o poetiza) lo transmuta en mierda.
(Como aquellos que ven en el famoso cuadro
de Aert de Gelder, El bautismo de Cristo (1710),

poeta Alienigena

no a la Divinidad, sino a un supuesto ovni):

Dicen que todavía se escuchan los relinchos
del caballo Snippy en las praderas del rancho King
en el Valle de San Luis, Colorado, USA.

Si aquellos extraterrestres que evaporaron
la mitad de su cuerpo volvieran nuevamente a la Tierra
y leyeran o escucharan —por casualidad— la “poesía”,
el “arte” y los “poemas” de los autoproclamados poetas alienígenas,
sé que tales visitantes del espacio exterior montarían
de inmediato en sus ovnis y regresarían a la velocidad de la luz
a su galaxia, pues llegarían a la irrefutable conclusión
—verdaderamente científica, alien, como la suya o la mía,
querido lector— de que no existe ningún tipo
de vida inteligente en nuestro planeta.

A excepción, claro está, de Snippy.