Don Satula, Santiago de Chile .

 

Don Satula (Elías Romero). Nacido en el año de 1972, chileno. Ha publicado el libro de poesía UNA PARA LOS MALOS (autoedición) 1999; CHERNOBYL (autoedición y publicado bajo el Heterónimo de Manguera Riffó) 2003; MAFIA DE BARRIO, Editorial EL JUSTO MEDIO, 2011. Es Organizador del encuentro de mujeres poetas titulado ELLAZ, que se realiza en la Población La Victoria y de los encuentros de poesía DEGENERÓ, POESÍA ASALTO, AUTOEXPLOTACIÓN POÉTICA. Es coorganizador de Santiago Poesía y de sus eventos SANTIAGO 4043 (2013) las lecturas INVADIENDO LA CIUDAD (2014) y las lecturas INFEXION del 2015. Ha sido publicado en antologías, revistas electrónicas y blogs.

Tengo el privilegio de haber sido entrevistada en un ciclo de poesía  por Don Satula, quede impactada por su elocuencia casi frondosa para referirse a diferentes temas desde la politica hasta la sexualidad, ahora al leer sus textos logro comprender de dónde salía tanta unión de ideas, una batidora, van todas dentro de una misma persona.  Desde lo cotidiano hasta la forma que incluye la biología en sus textos podemos ver como esta manera tan peculiar de pensar nos va haciendo caer en cuenta en la vorágine humana de estímulos al cual constantemente estamos expuestos. Reflexionar en cómo nos hemos ido sofisticando como sociedad también nos permite volver de una u otra forma a lo simple. Les propongo mirar sus textos y sumergirnos junto a Don Satula en la vertiginosa realidad que vivimos.

Ahora está por publicar su nueva obra de las cuales él eligió estos textos, aquí se los dejo para que disfruten

NINFA 100% COLESTEROL

Y me abres la puerta, nos ayudamos con las bolsas, ya hemos bebido un poco, sólo un poco. Y nos miramos por dentro; sabemos el destino de los cuerpos.

Hay una mesa y en ella un buen vino. Te miro. Sonrío. Te abrazo. Acaricio tu pelo. Te dejo ir a la cocina, siempre celoso de la cebolla, el aceite, el orégano, pero te dejo. No tengo otra.

Camino por el patio en busca de carbón. Lo encuentro. Preparo la parrilla. La limpio. La engraso. Reposa como testigo presencial.

Consigo papel en no sé qué lugar. Tomo una botella, la descorcho. Bebo, está dulce.

Desde la ventana tú lloras y me miras, la chilena siempre te hace sufrir. Me alejo de la parrilla y corro a abrazarte, hueles rico, te beso el cuello, transpiras y el líquido queda impregnado en la seda negra de tu blusa. Me alejas. Tienes hambre. Se te nota cuando tienes hambre.

Ya en el patio enciendo el carbón. Todo perfecto. Tú en el patio, yo en el patio, solo nos miramos.

Las manos de hombre, de mujer.

La sal, la cerveza, cilantro nuestros nombres y el viento del atardecer. Hemos sido egoístas, a nadie hemos invitado. Comemos.

La grasa en los dedos, en tus labios. El pan untado en el pebre. Estamos deseosos de acabarnos todo. Las luces se encienden, nos apretamos. Olemos a carbón y a vino y a cerveza. Nos besamos. Tan profundo que logro entenderte. Tan profundo que los sabores se funden y apagan el desconsuelo y las tardes solitarias. Nos tenemos.

Me sonrojo y miro al cielo. Otra vez en desacuerdo imitando y volando, con el lápiz y la hoja. Tú desapareces toda en grasa y sabores colesterólicos, románticamente colesterólicos y vomitables.

¡Estoy borracho,

aún no logro

entrar a mi casa!

 

BORRACHO CULTO (a dios)

En viernes Santo todos mueren. Hay remordimiento del no saber qué hice. La filarmónica sigue tocando y no siento nada dentro.

¡Qué voy a sentir! Si toca para otros, para iluminados dentro de un supermercado intentando ahora llenar el vacío carro mental de sus mentes, de sus corazones.

¡Deberían comer más churrascos de panita! Imitarme. Mirar al cielo en son de suicidio e increpar a quienes no lo hagan. Deformar sindicatos. Elegir el mejor reactor atómico para cuando se corte la luz y los niños lloren y los ladrones roben y yo encienda varias velas de una vez para que de lo alto me vean y sepan que no les temo que los estoy esperando que camino tambaleándome por las costas de los sin destino o de los destinados al no sino.

Algo cuelga de tu hombro, metralletas sin aceitar, no renovadas, recién desenterradas de tumbas prehistóricas, daguerrotipadas, milenarias, con cañones de tres cuartos que más sirven para otra cosa que para balear enanos negros limpiando alfombras rojas para que pase el hombre libre, desmontado, sin ni uno en los bolsillos, pero libres, sintiendo el sol en la cara, a cada latigazo, sonriendo al cielo, avanzando contra el muro, haciendo sonar las lenguas, golpeándose el pecho porque no comprenden para qué son los santos ni qué se hace con los cuerpos.

Ma MAGDALENAS

A las 18 Hrs. en un día viernes, 300 mujeres abandonan la fábrica.

Todo es risas, cabellos húmedos, lápiz labial y cigarrillos. Sin embargo, las magnéticas tarjetas en sus bolsos les recuerdan que no son libres. Mientras, en el mundo, la alcoholemia arroja 100 y los himnos patrióticos son acallados por las Iglesias.